Desde el Corazón de las Organizaciones

¿Modelo para Armar?

Frankenstein con doctorHace mucho tiempo que no me contacto a través de este blog. Lo sé. También sé que no es recomendable hacer estos paréntesis en la producción de contenidos. Pero… durante algunos meses no sentí que tuviera nada relevante que comunicar o que me inquietara. Ahora vuelvo y me encuentro con la novedad de avisos publicitarios en mi espacio!! (si alguien puede orientarme al respecto, yo agradecida…).

A partir de la búsqueda de alternativas de formación en management y de la propia experiencia personal como participante, los invito a reflexionar respecto a una temática vinculada con la ética de la formación en management y del desarrollo individual en las organizaciones.

Creo que a esta altura, todos tenemos claro que lo que somos como líderes está fuertemente imbricado con lo que somos como personas. Sin embargo, ¿hasta dónde las organizaciones pueden llegar en la profundización de aspectos personales de mayor “calado”? Alguien podría decirme: “como poder se puede”. De acuerdo, pero… ¿se debe?

Esto de ninguna manera significa que las acciones de intervención en cuanto a desarrollo individual y organizacional no puedan tener impacto o ser novedosas. Pero siempre teniendo cuidado de “en qué se meten”. El desarrollo individual debe ser propuesto y no “ordenado” por la organización. Es sorprendente la cantidad de veces en que esta segunda modalidad se traduce en el “como si”: el capacitado muestra al capacitador lo que éste quiere ver, a fin de que pase “buenas notas” a la organización contratante.

Cuando contratamos a una persona para incorporarlo a una organización, es un “paquete” hecho, con un margen de aprendizaje, de cambio para poder desarrollar sus posibilidades al máximo. Pero es eso: un margen. Las personas no nos transformamos en otras distintas radicalmente. No al menos sin algún tipo de intervención que –a mi juicio- excede largamente lo que las organizaciones pueden proponer y –mucho menos aún- impulsar en forma compulsiva a sus empleados.

Tengo muchas veces la sensación de que la misma expresión “recursos humanos” nos tienta con su impronta cosificadora, la cual nos lleva a pensar en términos de “Modelo para Armar”, tal como rezaba el título de la canción de Juan Carlos Baglietto.

Se entiende que las organizaciones necesitan promover una mejor adaptación de las personas  a las necesidades del negocio, pero ¡atención! No seamos émulos del Dr Frankenstein: una pierna por acá, un brazo por allá y hete ahí un recurso –más o menos- humano. Desde mi experiencia y –buen o mal- entender profesional, se trata de trabajar para que la persona brinde lo mejor de sí en interconexión con otros y en relación a una tarea concreta. Más que alcanzar una meta de ideal de recurso humano, se trata de trabajar sobre personas reales y la maximización de sus aportes hacia la comunidad en la que operan.

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