Desde el Corazón de las Organizaciones

Bla, bla, bla

circulos concentricos aguaDe regreso. La montaña eliminó toxinas de mis neuronas, pero también ideas, hete ahí el origen de mi demora bloggera. Así de simple.

Como buena fanática de noticias de la farándula local e internacional, me apasiona la temática del rumor y el chisme en las organizaciones. Ahí vamos con algunas reflexiones sobre el primero.

En distintas encuestas de opinión suelen aparecer sentencias del estilo:  “Me entero de las noticias de la empresa por radio pasillo más que por medios oficiales”. Siempre me incomodó ese tipo de expresiones no por lo que se intenta medir –la eficacia de los recursos de comunicación disponibles- sino por el supuesto que subyace a la sentencia: el rumor –la “radio-pasillo”- asume  una connotación negativa.

El rumor existe. Es un hecho. Las personas conversamos informalmente respecto a lo que sucede (o no sucede). En este sentido, adhiero a la conceptualización fundacional para el estudio de este fenómeno de Tamotsu Shitutani [1]: el rumor es una forma recurrente de comunicación a través de la cual las personas intentan construir una interpretación significativa de una situación ambigua, aunando sus recursos intelectuales. Este autor, uno de los primeros en poner en blanco y negro un estudio con base empírica sobre el rumor, lo aprecia como un proceso de resolución de problemas, más allá del efecto de distorsión de mensajes acentuado por otros autores. ¿Tiene sentido pretender que las personas  “compren” lo que la organización está tratando de “vender” como si fuera una ficha del juego del sapo?

Sí parece resultar importante que exista la voz oficial, la versión institucional sobre los hechos y que eso sea hecho A TIEMPO, antes o en el momento en que suceden los acontecimientos. Y si no suceden y es expectativa de la gente, explicar y reiterar la situación de incertidumbre. Es adecuado y razonable que a partir de los hechos “oficiales” las personas realicen su propio procesamiento y versionado de la situación. De hecho, en mi perspectiva, el rumor sobre temas puntuales es señal de interés, además de un esfuerzo de digestión de la información.

Imposible –y hasta perjudicial- controlar o direccionar, el rumor saludable es el que se genera a partir de información institucional cierta, dada en forma oportuna y clara, atendiendo a las diversas expectativas de las audiencias, en particular a los líderes de la organización a fin de que posean herramientas para esclarecer dudas o por lo menos, escucharlas.

De alguna forma, es como dice el dicho del reluciente Don Quijote: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”. El “ladrido” es reacción, interés, afectación, y por qué no… hasta compromiso. Y es en definitiva uno de los aspectos más humanos del día a día: hablar de lo que pasa, por qué y para qué pasa.


[1] Shibutani, Tamotsu. Improvised News: A Sociological Study of Rumor. Ardent Media, 1966.

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